Vida nueva

13:21 Jessica 0 Comments

Han pasado dos años desde que me fui pero creo que es la primera vez que entro a mi cuarto y siento que ya no pertenezco a ese lugar. Pensé que ese día nunca iba a llegar, el momento en que me sentiría como una extraña en un lugar que fue mío y de nadie más durante 8 años, que vio pasar tantas etapas, tantas momentos, tantos cambios y tantas metas que costaron sudor y lágrimas. Hoy lo vi como un lugar que se congeló con los recuerdos que dejé y esa ya no era yo. Las dos rosas colgadas a la entrada siguen ahí dos años después, colgadas para recordarme las épocas en donde sólo éramos dos y todo era más simple. El plato de mi hija adorada y fiel compañera, Wendy, sigue ahí en el mismo lugar. Durante más de un año desde que me dejó, seguí llenando su plato con agua, la cual se iba evaporando poco a poco hasta que era momento de llenarlo otra vez. Cada vez que entraba a mi cuarto la saludaba y le hablaba como si aun estuviera ahí. Era mi manera de negar que ella, quien me acompañó durante quince años y los ocho que estuve ahí, ya no estaba. Era mi manera de engañarme y hacerme creer que aun estaba ahí, al igual que su cama, su ropa y su correa, porque era muy doloroso dejarla ir. Sin querer en algún momento dejé de llenar el agua pero ahí siguen los dos platos como un recordatorio.

Mis agendas que buscaba cada fin de año con tanto empeño, la que me acompañaría durante todo el siguiente año, que llenaría de palabras y dibujos, tenía que ser perfecta. Pero los tiempo ahora son otros, poco a poco se me hacía mas difícil conseguir una agenda con la cual identificarme, porque ahora todo va directo a la computadora. Este año recién comienza y el año que terminó ya no me tomé la molestia de buscar la agenda perfecta. Además me di cuenta que si igual tengo un celular a la mano la mayor parte del tiempo, tal vez era hora de modernizarme y finalmente dejar las hojas de papel para escribir en un blog. No, no fue una decisión fácil, me rehuse durante bastante tiempo porque me gusta escribir y personalizar mi agenda, con lapiceros de colores, de diferentes tipos, stickers, dibujitos, etc. Pero por ahora no me quedó otra, las agendas han dejado de ser una parte importante de mi vida, pero ahí están todas para recordarme que fue una buena etapa.

Mi adorada cama de plaza y media que era todita para mí, ahora solo sirve para poner cosas encima. Mi equipo de sonido, hasta ahora extraño conectarlo a la laptop o el celular y escuchar música a todo volumen a toda hora, era el mejor desestresante que podía existir. Mis cuadros que se quedaron por falta de espacio, entradas de conciertos, cuadernos, posters, ropa, adornos, maquillaje, todas las cosas con las que me identificaba y me sentía yo.

Tal vez fue un error dejar cosas que en ese momento no parecían importantes, no eran imprescindibles y por falta de espacio no las podía llevar, pero también creo ahora que al dejarlas me perdí y bastante. No, ya no soy la misma persona y eso está más que claro, pero aunque ya no pertenezca a ese lugar, aun quedan cosas que me definen. Aun no sé quién soy, por lo que parece ser el momento perfecto para comenzar con este asunto llamado blog. Por ahora soy una persona que perdió mucho y aun sufre por ello, que trata de no perder las esperanzas y de poder volver a ver el mundo con alegría, ese es todo el optimismo que puedo tener por ahora. Y sólo se lo puedo agradecer a mi hijo de 8 meses que es quien me ha salvado y por quien cada día vuelvo a intentar ser feliz y sí, tal vez suene irónico pero entre tanto sufrimiento, soy feliz gracias a sus sonrisas y el amor tan inocente y desinteresado que me demuestra cada día. Definitivamente eres el ángel que llegó para salvarme la vida, gracias vida mía.

16.02.12.001

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